JESSICA JONES, TEMPORADA 2

¡MI MADRE, QUÉ DESASTRE!

Me atrevería a decir que una parte, no sé si sustancial o no, de los que seguimos las series del Universo Marvel jamás, o apenas, habíamos oído hablar de Jessica Jones. En mi caso, resulta que ya había entrado en contacto con ella hace como unos diez años, cuando leí la saga Civil War. Pero la había olvidado por completo. De manera que visioné la primera temporada por curiosidad, más que nada, y porque había visto la excelente temporada 1 de Daredevil, y me llamó la atención el personaje. Y me encontré con una primera temporada muy buena, muy realista, áspera, negra, si bien lastrada por una duración excesiva que hizo que los guionistas se las vieran y se las desearan para que Jessica Jones encontrara excusas plausibles para no matar al villano de la función a mitad de temporada. De manera que la convirtieron en una especie de Hamlet femenino urbano, que postergó hasta casi lo injustificable el pasar a la acción.

Ignoro qué criterio siguen los productores para establecer el número de episodios de una serie en USA. Pero no son pocas las voces que señalan como uno de los grandes defectos de las series Marvel el exceso de episodios. En este caso, 13, que se podían haber reducido a la mitad, cuando no menos.

Y digo la mitad para ser generoso. Porque esta segunda temporada ha resultado ser un auténtico desastre que a puesto a prueba mi paciencia como espectador. El inicio, sin ser en exceso prometedor, sí que auguraba un buen entretenimiento, y un estudio psicológico en profundidad de la que es seguramente la más atormentada de las “heroínas” televisivas Marvel. Se trataba de narrar el origen del personaje, qué la convirtió en superheroína (o mujer con superpoderes, más bien, porque esta mujer nunca ha querido desfacer entuertos). Nada que no hayamos visto mil veces: experimentos científicos, tragedias familiares en las que mueren los familiares del héroe (repasen la cantidad de huérfanos que hay en el universo superheroico Marvel o DC. Aspecto este que, supongo, debe decirnos algo de la sociedad norteamericana, no sé muy bien qué, pero algo), parientes y amigos que, según convenga, ayudan o impiden la labor de la heroína… Sí que debe reconocerse que, en este caso, dotan de un rasgo de personalidad muy llamativo a la heroína: frente al mesianismo de gran parte de los superhéroes más conocidos, Jessica Jones desearía en todo momento refugiarse en una cueva para no enfrentarse a los horrores propios y ajenos. No obstante, este carácter antisocial y atormentado, que nos hace empatizar con ella, se diluye rápidamente, pasando a segundo plano, siendo sustituido por una absurda confrontación de raíces freudianas con…. atención, spoilers a partir de aquí…, su madre, erigida como la villana de la función.

Pero por desgracia, la narración, sobretodo a partir del séptimo capítulo, va dando tumbos sin saber a dónde va, arrastrando en un tedio soporífero al espectador. La verdad es que llegué hasta el final únicamente por curiosidad, para saber como acabaría el asunto, y con la leve esperanza que la serie retomara el vuelo, pero los guionistas ya iban cuesta abajo sin frenos, esta vez saboteados por su propia impericia, o vaya a saber qué. Porque la verdad es que me pregunté en más de una ocasión en qué estaban pensando: si la trama principal tomaba un giro absurdo y innecesario (¿a santo de qué convertir a la madre en la villana? Por llamarla de algún modo, porque la verdad es que sus motivaciones no eran para nada interesantes: era una especie de Hulk a la que, cuando le subía la bilirrubina o lo que sea que hace enfurecer al personal, arramblaba con todo y mataba a todo quisque que se le ponía por delante. Se supone que porque se veía acorralada, pero su “maldad” no resultaba en ningún momento interesante.), las tramas secundarias (metidas a granel) no llevaban absolutamente a ningún lado: la abogada con esclerosis que se topa, vaya, qué casualidad, con una víctima de la villana principal y que la engaña para llevarse su dinero; el ex-convicto que se hace amante de Jessica Jones cuándo esta salva a su hijo de caer por la ventana (escena metida con calzador); la hermana que se siente inferior y quiere ser como su hermanastra, sin un auténtico motivo de peso más que, jolín, mi mamá biológica también es mala y no me quiere y me ha utilizado toda la vida (vaya, qué desgracia: la muchacha es guapa de morirse, rica, famosa y está triste, pobrecilla); el detective rival que, mira tú, quiere vengarse de la muerte de su compañero a manos de la supervillana (que se lo carga…¿exactamente por qué?) y no se le ocurre nada más que apostarse en el piso de enfrente con un rifle. Ninguna, absolutamente ninguna de las subtramas, conduce a ningún sitio. Las escenas se diría que están allí de relleno, para poder construir 13 episodios, y el ridículo, en muchas ocasiones, es patente: mención especial al episodio en que Jessica y su madre van al rescate del hijo del ex-convicto, dejándose ver a la luz del día por todo el mundo, en una acción que de tan estúpida resulta indescriptible.

Y a todo esto, hay un intento de hacer que empatizemos con la villana, pero ya me dirán ustedes si uno puede empatizar con alguien que mata a una mujer policía de manera totalmente innecesaria y sangrienta y pretende que su hija se alié con ella y se escapé a vaya usted a saber dónde para vivir felices forever more. Y la duda de Jessica para con ella se resuelve cuando, en otra escena absurda, la villana se torna superheroína salvando de la muerte a una familia que pasaba por allí por exigencias del guión.

Hay unos leves apuntes sobre la ética del científico que creó a Jessica y a su madre, un personaje nada maquiavélico, que cree estar haciendo lo correcto y que finalmente se da cuenta de su error. Es de las pocas cosas interesantes de esta segunda temporada, aunque no sea más que un apunte. (Y su relación de amor con la supervillana… no, sorry, no me la creo. Forzada a más no poder)

Lo único bueno de esta segunda temporada han sido las increíbles interpretaciones de Krysten Ritter, que transmite a la perfección el tormento agónico de la protagonista, y la ferocidad animal y aterradora de la madre, una actriz realmente excelente, que da miedo, auténtico miedo (no me la querría encontrar yo en un callejón oscuro). Lástima que todo lo demás haya sido un despropósito igualmente aterrador. Un auténtico desastre. Si la quieren ver… yourselves (ustedes mismos, para quién no sepa ruso)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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