NO PODER ODIAR

NO PODER ODIAR

Hace dos días volví a soñar con la mujer de la que más enamorado he estado en mi vida, y la que me ha hecho más daño. Nunca he podido estar a su lado, ella no solo me rechazó, sino que me despreció brutalmente, permitió que me humillaran y amenazaran en público, y solo la he vuelto a ver una vez desde entonces. Y como cada vez que sueño con ella, que no es muy a menudo, aunque parezca extraño (nadie sabe cómo ni por qué soñamos lo que soñamos, por más teorías que haya al respecto), el dolor ha vuelto con toda su intensidad. He vuelto a revivir todo lo que sucedió, una vez más, y he reflexionado sobre ello.

A pesar de todo el daño que me hizo, me es imposible odiarla. Sé  que mucha gente me dirá que debería hacerlo, incluso creo que si la odiase todo sería más fácil para mí. Pero me siento incapaz de odiar a alguien a quién he amado y deseado tanto, porque el odio lo único que hace es emponzoñar tu alma y sumergirte en una espiral de amargura y sinsentido que siempre, siempre, conduce al desastre, propio y/o el de otros.

Hace muchos, muchos años, cuando yo era un joven ingenuo, inexperto y asustadizo, dos mujeres también me hicieron mucho, muchísimo daño. Fueron violentas y crueles, como ella lo ha sido ahora, y durante muchos años todo aquello ha permanecido en mi interior sin que yo quisiera dedicarle demasiado tiempo, pero recientemente, y a raíz precisamente del desprecio de esta otra mujer, me he dado cuenta que aquella violencia de hace tantos años me ha hecho ser quien soy, en gran parte. Y me he dado cuenta de que entiendo lo que hicieron esas dos mujeres: eran personas vacías, superficiales, estúpidas, tristes, que deambulan por la vida pero no la viven. Nunca han hecho ni harán nada de provecho, viven y vivirán unas vidas sin examinar, y la vida debe ser examinada para vivirla a fondo. Sólo tenemos una. Pero la mujer del presente… es todo lo contrario, y por eso soy incapaz de entenderla. Los dos queremos pertenecer al ámbito artístico, el de la escritura y la creación. Los dos queremos vivir una vida examinada, por eso aspiramos a ser artistas. Como digo, para mí no hay cosa que merezca más la pena. Y ella, como artista, debería ser sensible, empática, reflexiva, atenta, sabe del dolor del mundo y lo examina, y con ello a sí misma. Por eso me es imposible entender lo que me ha hecho: reconoce mis sentimientos pero no le importan, sabe que soy un ser humano que solo busca lo que casi todos, ser amado, y la sensibilidad que muestra en sus creaciones artísticas a mi me la ha negado por completo.

La he amado y deseado más que a nadie en esta vida: desde el principio la vi como una persona entera, no la idealicé, vi sus cosas buenas y sus cosas malas, muy malas, pero no me importaron. No las excusaba, pero procuraba entenderlas. Quizás tenía miedo, sabe Dios de qué, pero todos lo tenemos. Tuvo un comportamiento errático y voluble: fue amable y sincera y atenta conmigo durante un breve período de tiempo. Pero todo eso se esfumó de repente, pasó a actuar de una manera incorrecta, insensible, irracional, incomprensible y me causó un dolor que yo no merezco. Como digo, acabó permitiendo que me humillaran y amenazaran en público. Y a pesar de todo, no puedo odiarla.

Hay un eterno debate, uno de tantos en esta vida: ¿la gente puede cambiar? Algunos creen que no, otros que sí. La biología nos demuestra que si hay algo seguro en esta vida es que cambiamos, pisocológica y físicamente. Pero, ¿a peor o a mejor? Quiero creer que algunos podemos cambiar a mejor. Yo lo he hecho: cada día me esfuerzo por ser la mejor versión de mí mismo, intento aprender de todo y de todos. La cultura, los amigos, mis experiencias, me han hecho más sereno, más sabio, quiero creer, más inteligente emocionalmente. Evidentemente, tengo muchos defectos: aun me domina la ira de vez en cuando, tengo exabruptos, soy perezoso. Inseguro, pero menos que hace unos años. Pero, ¿no lo somos todos? Queremos aferrarnos a certezas desesperadamente, pero la vida es un imponderable, somos contingentes y perecederos, y por ello lo que debería movernos siempre es el amor. Pero, ay, como me dijo mi amiga más querida, los humanos somos muy complicados. Y quiero creer que ella cambiará, a mejor: es todo lo que he querido, ver lo mejor en ella, hacerla mejor persona, más dialogante, más comprensiva. Es lo que quería decirle aquél día en que permitió que me amenazaran y humillaran. Esa violencia sigue y seguirá siempre dentro de mí, no puedo olvidarla y el dolor que me sigue causando es inconmensurable.

Esta mujer me ayudó una vez diciendo una cosa aparentemente insignificante, y se lo dije, pero ella no le dio ninguna importancia. Lo que ha sucedido ha hecho que examine mi vida a fondo como nunca antes lo había hecho: me he lanzado a la creación de una novela sobre mi vida, una ficción, una dramatización de mis últimos 33 años, quizás incluso de toda mi vida. Escribo teatro, también, y narraciones. Nunca antes me había sentido más vivo. Es un proceso muy doloroso, pero quiero pensar que purgativo. Aunque haya sido por las malas, es muy probable que gran parte de mi actividad creativa se la deba a ella, aunque ella no lo sepa. Hoy he decidido que cambiaré el final de mi novela, que era feroz y despiadado, pero la serenidad y el enfriamiento emocional de la ira y la rabia que siento ahora me ha hecho cambiar de opinión.

Quiero creer que algún día ella valorará mi ternura, mi sensibilidad, mi amor. Nunca se lo he pedido, y ella lo sabe, porque el amor no se pide, ni se mendiga, ni se exige, sencillamente se espera. Sabe Dios que en el pasado lo demandé y exigí, y he aprendido la lección. Quiero creer que algún día se dará cuenta y admitirá lo que ha hecho. Se dará cuenta, quizás, de la preciosa amistad que hubiéramos podido tener. Pero mientras tanto el tiempo pasa: habremos perdido muchos años innecesariamente. Duele mucho saber que aquellos a los que ahora llama amigos, mientras a mí me niega el pan y la sal solo por haberla amado, quizás no con sabiduría sino demasiado, desaparecerán de su vida en breve. La vida me ha enseñado que es así para todos, inevitablemente. Quizás, sólo quizás, (la vida es un quizás perpetuo), se de cuenta de mi inteligencia y cultura y bondad y capacidad de diálogo, que ella ahora no tiene, y quizás se arrepienta y me pida perdón, si se traga su orgullo. Sabe Dios que yo me lo he tenido que tragar en muchas ocasiones, con mi familia, sobre todo, y soy mejor persona por haberlo admitido y aceptado.

Por todo ello, no puedo odiarla. Jamás podré. No sabemos, ni ella ni yo, qué nos deparará el futuro: a quién conoceremos, las experiencias que tendremos, a quién amaremos. Ahora me resulta muy difícil creer que algún día conoceré a alguien a quién podré amar y desear tanto como a ella, pero quién sabe. Solo deseo que todo se serene, que ella viva una vida plena y que triunfe como artista. Es inteligente y curiosa y capaz, y no le deseo nada malo. Sé que tarde o temprano alguien la hará sufrir, eso también es inevitable, y quizás eso le haga pensar de nuevo en mí. Pero no quiera Dios que le pase nada malo, ninguna enfermedad ni desgracia, porque no lo soportaría.

Sé que volveremos a vernos, casi con toda seguridad. Y también es casi seguro que no leerá esto, al menos en un futuro cercano.

Y en cuanto a los que me humillaron y amenazaron, siento pena y desprecio por ellos. Que sigan con sus hipócritas, falsas, anémicas, asquerosas y putrefactas vidas, y que la vida los ponga en su sitio.

 

 

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