VIENEN MAL DADAS

VIENEN MAL DADAS

BARRIDOS POR LA CRISIS

 

Veamos, esto les sonará seguro: un asesino psicópata brutal y sanguinario. Un detective con un pasado traumático, divorciado y con problemas con sus hijos. Una reportera hermosa y brillante que ayuda al detective. Una conspiración de alcance internacional e histórico. Localizaciones por todo el planeta. Un final sorprendente y lleno de acción.

Afortunadamente, no encontrarán nada de todo esto en la primera y magnífica novela de Laura Gomara. No sé ustedes, pero yo estoy hasta las narices de entrar en los centros comerciales y ver que gran parte de las novelas de género negro y/o thriller tienen el mismo argumento y personajes, harto de series “literarias” con un inspector/policía/periodista con una mala suerte del copón como protagonista, y con un aguante para ver cuerpos destrozados día tras día que a cualquier otro mortal lo enviarían directo al manicomio o al suicidio, o cuanto menos a la desesperación. Viva la originalidad, ¿no? Y las modas, y la mala literatura.

Por eso esta novela es una bocanada de aire fresco, fresquísimo. Es original, amena, entretenida, endiabladamente bien escrita, con gusto literario, con unos personajes que a medida que avanza el relato se van haciendo cada vez más entrañables. Y con una carga de crítica social a mi juicio inexistente en el género negro, al menos en la actualidad.

La novela narra la historia de una mujer joven barrida por la crisis: la han hechado de su vivienda pero tiene que seguir pagando la deuda al banco; vive en un cuchitril con gente de muy mala catadura; tiene una madre llorona y pelín insoportable; compagina dos trabajos con los que no llega ni de lejos a fin de mes, por lo que se ve obligada a rebuscar en los contenedores de basura para sobrevivir. Está, como se dice en inglés, al final de la cuerda.

Y esta mujer de nombre cinematográfico, Ruth Santana, en estas está cuando se topa con un delincuente de nombre tan cinematográfico como el suyo, Hugo Correa, que le propone participar en un negocio ilegal. Así, la chica se ve en una encrucijada moral: ha sido toda su vida una chica de moral y conducta intachables, pero… quizás ahora se vea obligada, para sobrevivir, a cruzar una línea muy peligrosa.

La situación planteada nos obliga como lectores a realizarnos la misma pregunta: al borde del precipicio, ¿renunciaríamos a nuestra moral para sobrevivir? Y retrata una realidad que hasta hace pocos años era impensable: la de la marea inhumana de la crisis, que ha alcanzado a todos aquellos que se sentían a salvo de tener que verse algún día entre la espada y la pared.

La novela empieza con una escena que establece de manera muy hábil la situación de la chica, y que es un ejemplo de aquello de que en literatura a menudo es mejor mostrar que explicar: la chica sale de hacerse una depilación, gracias a un vale que le han regalado, y nos enteramos que solo le quedan 10 euros para acabar de pasar el mes. A partir de ahí, todo lo demás: trabaja por las mañanas en una oficina donde la tratan como a un escombro humano, un nido de ratas hipócritas y santurronas, trabaja de noche en un almacén de la Zona Franca, y todo lo mencionado anteriormente.

Uno de los puntos fuertes de la novela, a mi juicio, es la caracterización de la protagonista: una mujer fuerte, que no se deja hundir por las circunstancias, con lo que se llama “bastante personalidad”. Es magnífico el momento en que conoce a Hugo Correa, el diálogo que sostienen los dos una madrugada en el casco antiguo de Barcelona (una Barcelona divertidamente reconocible para el que esto escribe, un enamorado de esta ciudad. Quizás sea la primera vez que leo un libro y veo con claridad las calles y ambientes en los que transcurre gran parte de la acción)  es maravilloso.

Quizás el momento de la novela que más me ha gustado, que más ha resonado en mi, es aquel en que Ruth se da cuenta de la gran mentira de la sociedad capitalista actual: “Le habían negado los sueños que durante años se habían encargado de meterle en la cabeza. La posibilidad de viajar, de ganarse la vida dignamente, de no tener que depender de la caridad, de otros. La casa, los dos coches, la parejita, niño y niña vestidos bien conjuntados, las vacaciones en la costa, las escapadas a París, las tardes en el gimnasio, el carro hasta arriba en el Carrefour, las cenas de Navidad, el divorcio a los cuarenta y cinco… Esa era la vida para la que la habían preparado y le costaba concebir otra. (…) Era absurdo.” Reflexiones dolorosamente ciertas, profundamente humanas, y que me atrevería a decir que todos, en nuestro fuero interno, hemos sentido alguna vez.

Como toda novela, o casi toda, no deja de tener algunos puntos un poco más débiles: quizás la banda de “piratas” es un pelín demasiado entrañable; el personaje del policía es bastante superfluo; la parte final me parece un poco inverosimíl, teniendo en cuenta el realismo de todo lo anterior (baste decir, si se encuentran algún día en una situación familiar… no lo intenten en sus casas); y la novela en su conjunto es episódica, sin una trama en el sentido clásico. Pero según como se mire, esa también es parte de su gracia, que se aparta de lo que se lleva hoy en día.

El estilo literario merece otro comentario: un estilo a medio camino de lo barroco y lo austero, con unas descripciones precisas (esa guardia laberíntica de los piratas, en la que uno teme que en cualquier momento su protagonista se pierda), hermosas en ocasiones (“ojos (…) de sirena insomne”), muy bien pensadas, con adjetivos sugerentes. Buena literatura, muy alejada de la simpleza y pobreza que parecen imperar en la narrativa actual. Se nota el esfuerzo de la autora por intentar sugerir, construir, por dar atmósfera. Se ve su enorme, insultante talento. En suma, su capacidad de hacer buena literatura (envidia me da, lo confieso, aunque una envidia sana).

Ojalá que Laura Gomara tenga un largo camino en la literatura patria. Se lo merece mucho, muchísimo más que otros nombres que tienen un éxito inmerecido y a los que dan premios de cuantías indecentes (D.R, anyone?). El talento lo tiene de sobras. Aunque ya sabemos que en el arte, aquí y en todas partes, la justicia literaria es muy caprichosa.

 

VIENEN MAL DADAS,  Laura Gomara

Roca Editorial, 2017

299 páginas

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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